El niño que tocó la Luna (Panamá)

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Leyenda de la oralidad Emberá-Wounaan, etnia indígena que habita áreas de Panamá y de Colombia. Una suerte de cosmogonía. Esta versión fue recogida por el escritor Carlos Oriel Wynter Melo con el auspicio de AES Compañía de Energía en un proyecto de responsabilidad social. El grupo del que se escuchó esta historia se encuentra en el Parque Nacional del río Chagres.

El primer niño nació de la pantorrilla de su madre. Aquello ocurrió después de que el primer par, hombre y mujer, fueran formados con tierra por Ancoré; después de que fueran animados por su soplo divino. Ocurrió mucho después de que el árbol cocobolo cortara la mano de Dios y fuera abandonado sin cumplir con los designios del cielo.

Al nacer el niño, la madre murió. Desde entonces, la criatura le buscaría en las serpientes de los charcos, en la muerte de las culebras, en la Luna, en las profundidades de la tierra, bebiendo sangre y hasta entre guijarros de tinajas rotas. El padre crió al hijo y el hijo fue creciendo bien. Se hizo fuerte y sabio.

Cuando cumplió los doce, le preguntó al padre cómo había muerto mamá. Y el padre contestó que una serpiente de charco se la había comido. El niño fue al pie de un charco y tocó una flauta para atraer a la serpiente. La serpiente salió y de un solo bocado se lo comió.

Después de cuatro días en el vientre del animal, el niño puso dos horquetas que le permitieron salir. Como no encontró a su madre en la barriga de la serpiente, volvió a preguntarle al padre Cómo había muerto mamá. El padre contestó que le había picado una culebra. Entonces el niño mató a cuantas culebras pudo hallar y llevó los despojos a casa.

Como eso no aclaró sus dudas, volvió a preguntarle al padre Cómo había muerto mamá. Esta vez el padre dijo que había muerto por parto, a causa de la Luna. Y entonces el niño enterró un palo en terreno fértil, y con las palabras warimera, warimera, le hizo crecer. Trepado en el tronco, el niño subió a la Luna. Pero el astro llamó a sus carpinteros para que le derribaran. Las manchas que desde entonces se ven en la Luna, son las marcas que dejaron los dedos del niño.

Para no morir con la caída, el niño se hizo algodón. Luego se hizo piedra. Al chocar con el suelo, se clavó en la tierra y llegó al reino de las profundidades. Ahí la gente carecía de hoyos en el cuerpo. El niño los curó con movimientos de sus manos. Como no podía regresar a su mundo, el niño le dijo a la arriera que le ayudara. Le prometió una cabeza de guineo si lo subía a la superficie. La arriera lo llevó en su lomo y salieron por un hormiguero. Cuando su familia lo vio, después de pensarlo perdido, se enojaron. Su insistencia les hizo querer matarlo. A él no le importó y volvió a preguntar cómo había muerto mamá. Esta vez le dijeron que había sido por su menstruación. Entonces el niño bebió sin saciarse toda la sangre que halló a su paso.

Le dijeron, pues, que su madre había muerto al pisar los guijarros de una tinaja. Él comenzó a modelar una. Cuando estuvo lista, la rompió y pisó sus filosos pedazos. Solo entonces el niño murió y, hecho una nube de mosquitos, se perdió con el aire.

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